El fin de un prolongado lamento

El fin de un prolongado lamento
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3 min de lectura

Por: Jatzel

“Me quieren agitar
Me incitan a gritar
Soy como una roca
Palabras no me tocan
Adentro hay un volcán
Que pronto va a estallar
Yo quiero estar tranquilo

Es mi situación
Una desolación
Soy como lamento
Lamento Boliviano
Que un día empezó
Y no va terminar…”

Con estas estrofas líricas inicia “Lamento Boliviano”, una de las canciones más populares que ha conocido el rock en español y posiblemente más célebres de la música hispana en general. Escrita por la banda mendocina argentina Alcohol Etílico y luego adquiriendo mayor renombre con la interpretación también austral de Enanitos Verdes, su producción tiene poco que ver con Bolivia, que este domingo 17 de agosto acude a sus elecciones generales. No obstante, su letra describe casi a la perfección el lamentable panorama actual del país.

Amén de los escenarios paralelos, lo más probable es que quienes pasen a la segunda vuelta sean el ex presidente Tuto Quiroga y el empresario Samuel Doria Medina. Es decir, dos opositores al agotado modelo populista que hoy protagoniza la crisis y que se ve totalmente fuera de competencia con un ex líder inhabilitado constitucionalmente, un presidente en ejercicio rechazado por el 90% de la ciudadanía, un aspirante disidente que se desinfla y un candidato gubernamental que no supera el 2%.

La ciencia política contempla las llamadas elecciones de realineación, aquellas que reconfiguran el mapa por varios ciclos subsiguientes. Eso fue precisamente lo que pasó hace 20 años cuando Evo Morales llegó al poder que hoy quiere recuperar personalmente, cerrándose a cualquier otra opción dentro del espectro ideológico que representa. También, todo apunta a que en 2025 nuevamente habrá una realineación en Bolivia con primacía de las ideas republicanas.

Acontecimiento positivo cuando lo vemos de manera aislada, pero lamentable cuando tomamos en cuenta que llega luego de haber perdido toda la espectacular bonanza por exportación de gas natural que derrochó el Movimiento Al Socialismo (MAS). Ese lamento boliviano que luego de comenzar parecía no tener fin, ahora se acaba en medio de desolación para la ciudadanía y al siguiente gobierno le tocará evitar que pronto estalle el volcán que traen dentro.

Esa es una enorme tarea que requiere experiencia, credibilidad, dinamismo y determinación para aplicar las reformas, resistir la desestabilización que acostumbran los representantes del extremismo y colocar al país en el rumbo del desarrollo. Sin desmedro de otros candidatos con valiosas improntas personales, Quiroga parece ser quien mejor reúne estas cualidades necesarias cuando examinamos su historial.

Como ministro de Hacienda lideró las negociaciones con Estados Unidos para la reducción de la deuda externa boliviana en 1992, luego como presidente obtuvo una condonación de US$5,000 millones en la deuda, mantuvo la estabilidad macroeconómica, se realizaron las exploraciones que descubrieron los grandes yacimientos de gas natural, construyeron los principales gasoductos y se firmaron los contratos de venta de materia prima. Ya como opositor, fue la única voz constante que cuestionó el malgasto masista, advirtiendo la insostenibilidad de un modelo que no propicie la inversión.

Su firmeza, aún cuando otros flaqueaban frente a la maquinaria populista, es la mejor muestra de que también la tendrá cuando le toque ahora reencauzar el país si es que el electorado le da su voto de confianza. Pocas veces se ve una campaña tan determinante para el futuro de una patria como esta que están viviendo los bolivianos, lamentando la oportunidad perdida, pero con la esperanza de un porvenir responsable.

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