Ser sordo no es vivir en silencio: la lucha de Pablo Taveras por una inclusión real

Ser sordo no es vivir en silencio: la lucha de Pablo Taveras por una inclusión real
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A Pablo Lemuel Taveras no lo define el silencio. Lo define la lucha. Nació sordo, al igual que una de sus hermanas, en una familia de cuatro hijos en Santo Domingo. Hoy es activista, traductor de la Biblia a la lengua de señas dominicana, y actor. En junio, mes de la persona sorda en República Dominicana, su historia pone rostro y el foco a una comunidad que sigue esperando inclusión real.

“Yo nací sordo, mi hermana también. Mis padres aprendieron señas para poder comunicarse con nosotros. Eso marcó la diferencia. Hay muchos padres en este país que nunca aprenden”, dice Pablo, recordando una infancia marcada por la exclusión temprana.

Su primer contacto con la educación fue en un colegio donde se prohibía el uso de señas. “Me sentía triste, no aprendía. Mi papá investigó y me cambió a la Escuela Nacional de Sordos. Ahí mi vida cambió. Por fin pude comunicarme, ser feliz, aprender”.

Se graduó del bachillerato y aunque soñaba con estudiar en Gallaudet, la única universidad del mundo para personas sordas, la falta de becas lo llevó a estudiar publicidad en el país, acompañado por un intérprete que su familia pagó durante los cuatro años. Hoy, con ese mismo espíritu, trabaja en el Consejo Nacional de Discapacidad (CONADIS) y lidera un equipo que traduce la Biblia a la lengua de señas dominicana.

“2% de las personas sordas logra graduarse de la universidad”

A pesar de las victorias personales, Pablo no se engaña. La mayoría de personas sordas en el país no tienen su misma suerte.

“En provincias como Azua puede que haya una escuela, pero en muchos pueblos no. Hay niños que tienen que manejar horas para poder estudiar, y otros simplemente no pueden. La mayoría se rinde porque no hay intérpretes, no hay apoyo”, denuncia.

Explica que la ley aprobada en 2023, que reconoce la lengua de señas dominicana como oficial, aún no se implementa: “Fue un paso histórico. Pero han pasado dos años y todavía nada. Hay silencio”.

Pablo insiste en que el Ministerio de Educación, de Salud, de Trabajo, deben cumplir la ley: “El gobierno tiene la responsabilidad de pagar intérpretes, crear escuelas accesibles y brindar salud mental para sordos, sobre todo después de traumas como la pandemia”.

“Ser sordo no es ser mudo”

Uno de los grandes retos es combatir el desconocimiento. “Mucha gente todavía nos dice mudos. No entienden lo que es ser una persona sorda. Ven nuestras señas, nuestra forma de hablar y nos miran raro, como si fuéramos menos”, lamenta.

Para Pablo, el cambio empieza por visibilizar: “Queremos que nos vean. Que nos entiendan. Que no se conformen con un intérprete en televisión. La verdadera inclusión es romper todas las barreras”.

Una comunidad con sueños

Aunque denuncia las carencias, Pablo habla con fe: “A los jóvenes sordos quiero decirles que no tienen límites. Sí hay barreras, pero se pueden romper. Tienen habilidades, tienen poder. No se rindan”.

Él sigue soñando con fundar una agencia de intérpretes liderada por personas sordas, estudiar una maestría y un doctorado, y algún día hacer un documental que cuente la historia de su comunidad.

Porque para él, el silencio nunca fue una barrera. Fue una razón más para alzar la voz.

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